Lugar en el que con breves pinceladas de sentimientos y de fotos intento transmitir mis distintos estados de ánimo.
A través de la cristalera del velódromo de Tafalla enrojeció el cielo en la primera tarde de Noviembre, quizás fuese el presagio de las incesantes lluvias que hemos tenido durante estos días, lluvias interminables que hoy parecen que han dado un pequeño respiro, y hasta molestaba la luz del sol que aparecía tímidamente entre las nubes que siguen cubriendo la zona. Esperemos que vuelva a salir el sol, de lo contrario el in vierno se nos ha echado encima demasiado pronto.

Paseando esta tarde por el campo me he percatado de que el otoño está más próximo de lo que uno espera. Frutos del tejo, rosa silvestre, pacharanes, girasoles y madroños y las esperadas castañas ya están con nosotros. Además la temperatura ha bajado notablemente, en estos momentos 16º C, después de haber tenido unos hermosos días de prolongamiento de verano hemos tenido que tomar las chaquetas; el cierzo ha renacido y el río presentaba un aspecto impresionante con el empuje del viento. Vayamos preparando las calefacciones aunque espero que todavía el verano nos conceda sus últimos latigazos y podamos tomar un poco de calorcito para sobrellevar las futuras estaciones.
Tras varios días de recogida de piñones, horas para pelarlos y pensamientos sobre su utilidad decidí hacer lo más dulce; pensaba que era una receta rápida y sencilla, yo no tengo experiencia en repostería, porque quitando el infalible bizcocho de yogur y un tiramisú que quita el sombrero, no había hecho nunca un dulce, y menos aún meterme con una receta de mazapán; pues bien el resultado en cuanto a sabor fue satisfactorio, la presencia no estaba del todo mal, la cocción creo que me pasé un pelín; no obstante le hemos dado salida y no queda ni una. La gente ha quedado satisfecha y eso me anima a mejorarlas para la próxima vez, más aún sabiendo en qué consiste el amasamiento de los ingredientes, cosa que desconocía y de la cual obtuve unas ligeras agujetas en los brazos, además ello me llevó a perder una hora de playa, que tras un verano un poco complicado no podía haber disfrutado de ella, y ya terminando el verano necesitaba hacer una visita al mar.
Hace ya mucho tiempo que quería tomar un foto de los reflejos que se producen en los ojos de este puente pero nunca llevo la cámara conmigo, por ello he perdido unas fotos excepcionales de las ondas y reflejos que dependiendo de la hora del día se pueden ver; este día sí que llevaba la cámara pero no resultó ser lo que ví tiempo atrás, no obstante me decidí a tomar alguna fotografía y este es el triste resultado. Desde entonces procuro llevar la cámara conmigo para no perder las buenas oportunidades que se presentan muy pocas veces.
Qué difícil es tomar fotos en medio de tantísima gente con ganas de alboroto y fiesta! Quizá otro año con más experiencia en cámaras pueda ser capaz de tomar mejores imágenes, pero lo dudo ya que para un pamplonica que hacía muchos años que no se encontraba en semejante evento le cuesta mantener la calma y la emoción del calor humano que se vive en esos momentos anteriores al txupinazo, es una locura indescriptible que explota de distintas maneras en cada persona que ahí se encuentra.
Con un sol de justicia, rondando los 40º C las afortunadas carpas se refrescaban en el estanque mientras los transeúntes disfrutábamos de la suave sombra del parque de La Media Luna que atenuaba ligeramente el sofocante calor. Es Pamplona, ciudad de contrastes térmicos; espero que este calor tan agobiante desaparezca pronto. Todavía no es verano y nos azota son fuerza; luego, llegará julio, y en plenos Sanfermines tendremos que ponernos el jersey para evitar esos catarros veraniegos que tanto dan la lata.