Era un lunes frio, el que hubiese sido el 25 aniversario y decidí ir a celebrarlo a Donosti. Fue una tarde agradable de paseo y aunque invernal, llena de luz y de gente. Fue una tarde tremendamente positiva, vencí un miedo que me acompañaba desde el pasado verano y tuvo su recompensa, algo que todavía me hace estar en una nube y el tiempo sera el encargado de situarlo donde deba estar.
Parece que es un año de cambios.
Las células equivocadas: la ética como anomalía
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El organismo funciona. Eso es lo primero que hay que entender, y lo más
difícil de aceptar: el organismo —la sociedad, la civilización, el conjunto
va...
Hace 5 horas
