Hace escasos días después de dejar a mi hijo en su entrenamiento deportivo decidí darme un pequeño paseo por la orilla del río con mi cámara colgando del cuello y los auriculares en el interior de mis pabellones auditivos transmitiendo música de Peter Gabriel, en concreto Washing of the water, y siguiendo su letra seguía caminando junto a la orilla del river que cruza nuestra ciudad, viendo cómo incidía la luz de la tarde en la orilla opuesta sobre inmensos plataneros, cuyas raíces están emergidas de la tierra que se ha ido llevando el río y se agarran hacia el interior como manos gigantescas para no ser tumbados en las crecidas del río. A parte de parecer gigantescas manos algunas de ellas tienen formas muy sugerentes y caprichosas.
En defensa de la dignidad institucional:¿Cómo miramos al otro?
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Llevo un rato en el pensadero, observando a Pedro Sánchez y el reflejo que
proyecta en la opinión europea. Ese brillo -merecido- dice mucho de él....
y d...
Hace 13 horas

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